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Esta semana pasada, hemos podido disfrutar de uno de esos días en los que sentimos una tremenda satisfacción por haber podido ayudar a uno de nuestros mayores. El trabajo que durante años hemos llevado a cabo con una de las personas a las que atendemos en la Fundación Mayores, por fin ha dado sus frutos.

Un caso Real: Así protegemos a muchos mayores en Castilla-La Mancha

Fernando (nombre ficticio) es uno de nuestros mayores más testarudos. Vive en una casa en condiciones totalmente indignas. Una casa que, aparte de la insalubridad manifiesta y la ausencia de servicios básicos como el agua corriente, se encuentra en estado de ruina (con informe que lo acredita y todo, no solo a la vista!)

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Ante esto, muchos podéis pensar que no se puede consentir que nadie viva así, y que debe haber alguna solución, más aún estando una Fundación por medio. Sin embargo, nuestro testarudo Fernando tiene capacidad para decidir dónde y cómo quiere vivir, y de ninguna manera él quiere salir de su casa.

Desde la Fundación Mayores, lo hemos intentado todo, le hemos ofrecido todo tipo de recursos, de salidas a esta situación, y su respuesta siempre ha sido la misma: NO. Por lo tanto, decidimos acompañar a nuestro Fernando en su vida, estar con él, crear una buena relación de confianza (que con los años se ha ido fortaleciendo), respetarle y ofrecernos como un apoyo para que el día que nos necesitase, supiera que ahí nos tenía, que podía contar con nosotros.

Ese día, llegó la pasada semana. Fernando no se encuentra bien, los años van pasando y su salud se deteriora. Además, el frío le está pasando factura. Por primera vez, manifiesta que así no puede estar él solo en casa y pide que le llevemos a algún centro donde puedan atenderle.

Desde ese mismo momento, todo se moviliza, creamos una pequeña revolución. Hablamos con médicos, servicios sociales de base, con la delegación de Bienestar Social, el Hospital, ayuntamiento… todo el que esté implicado o pueda ayudarnos en este caso, comienza a buscar una solución.

En apenas dos días, y gracias a esta labor de movilización, conseguimos una plaza por urgencia social en una residencia de mayores, y allá nos vamos para hacer el ingreso.

El día del ingreso de Fernando, acompaña a la trabajadora social de la Fundación Mayores, uno de nuestros voluntarios, que disfruta viendo como realmente podemos mejorar la vida de una persona, cómo formamos parte de eso. Además, otra persona del pueblo nos ayuda voluntariamente con el traslado, cosa que agradecemos enormemente.

El ingreso se da estupendamente. En la residencia acogen a Fernando con los brazos abiertos y él lo agradece. Comida caliente, un buen baño, ropa limpia… gente que le trata con respeto y cariño, todo es perfecto. Fernando está feliz, y nosotros estamos con él para compartir este momento, este cambio tan importante en su vida.

Durante años, hemos esperado a que llegase este momento, a que aceptase la ayuda que muchísimas veces le habíamos ofrecido, y cuando lo ha hecho, hemos estado ahí para dársela. Como decíamos al principio, ¡qué gran satisfacción!