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Un internamiento involuntario se podría definir como, la adopción de una medida de protección de carácter urgente que consiste en llevar a una persona, incapacitada judicialmente o no, a un centro adecuado a sus necesidades, de manera no voluntaria.

Existen dos tipos de internamientos involuntarios:

– Internamiento involuntario ordinario: Es el que es decidido por el Juez y no tiene carácter urgente. Este internamiento involuntario, se puede autorizar bien antes de que haya Sentencia de Incapacitación, en la misma Sentencia de Incapacitación de una persona, o bien, a posteriori de la incapacitación judicial, a petición del tutor legal, si se detecta que la situación del incapacitado no es adecuada, pero nunca se puede hacer sin la autorización del juzgado competente, independientemente de que ya se encuentre incapacitado judicialmente y tenga tutor, siempre se debe solicitar la autorización de internamiento involuntaria y hasta que no sea dada esa autorización no se puede realizar dicho internamiento. A excepción de los casos de internamiento involuntario urgente.

Internamiento involuntario urgente: es el que decide un médico debido a la situación de urgencia de la persona, este se hace en el acto y luego se da traslado al Juzgado.

Una medida para proteger a las personas mayores

                  En Fundación Mayores han sido muchos los internamientos involuntarios que hemos llevado a cabo, bien porque cuando hemos aceptado el cargo de tutores ya se dictaba en la misma sentencia de Incapacitación, bien porque más tarde hemos comprobado que la situación de esa persona era insostenible y debía de ingresar en un centro residencial adecuado a sus necesidades o bien de manera urgente apoyados por los profesionales sanitarios de la localidad.

                  A continuación, os explicamos brevemente cómo ha sido uno de los internamientos involuntarios más recientes que se ha realizado por parte de los profesionales de Fundación Mayores.

Para llevar a cabo un internamiento involuntario es muy importante la coordinación entre los profesionales del equipo de Fundación Mayores, así como también con otros profesionales de atención, como son los cuerpos de la seguridad, Ayuntamientos, Delegaciones de Bienestar Social, profesionales en residencias, profesionales sanitarios, etc.

En este caso en concreto, el internamiento involuntario se autorizó antes de que se dictase Sentencia de Incapacitación, es decir, casi un año antes de ser nombrada Incapaz, ya se acuerda el internamiento en centro adecuado, pues las condiciones de habitabilidad de su domicilio no eran las adecuadas.

Presentaba un diagnóstico compatible con síndrome de Diógenes, en la casa acumulaba enseres, ropa sucia, sillones, bolsas de basura, restos de comidas, por lo que la vivienda era inhabitable e insalubre. Además, era incapaz de mantener su autocuidado en el mismo, conllevando un riesgo de salud importante para ella.

                  Cuando Fundación Mayores conoció el caso, antes incluso de ser tutores, y un año más tarde de existir la autorización de internamiento involuntario, nos movilizamos para que esta señora ingresase en centro residencial de manera urgente, pues a lo citado anteriormente tendríamos que sumar que era pleno invierno y no contaban con medios adecuados para enfrentar el frío. Además en este domicilio vivía otra persona que se marchaba de casa dejándola encerrada sin medios para poder salir ante una situación de emergencia como podía ser un incendio.

Nos pusimos en contacto con el Ayuntamiento de la localidad, Servicios Sociales y Delegación de Bienestar Social y finalmente nos concedieron una plaza por urgencia en un centro residencial de la provincia.

Cuando ya tuvimos concedida la plaza en residencia, lo primero que hicimos fue contactar con la residencia de destino para ver cuándo podíamos hacer el traslado y explicar la situación de la persona, además de su patología y situación social, le explicamos que quizá la señora llegase al centro sin el adecuado aseo y sin a penas ropa que ponerse, nos dijeron que ellos se encargarán de todo a su llegada, pues tienen ropa donada que seguro le serviría.

A su vez contactamos con los profesionales sanitarios de ambulancias para concertar la fecha de ingreso, así como también con las fuerzas de seguridad de la localidad para intervenir en el caso de que fuera necesario.

Una vez habíamos acordado fecha y hora para el traslado, nos reunimos antes de ir al domicilio para concretar la intervención en un sitio cercano a la vivienda y terminamos de cerrar nuestro plan de actuación.

En un primer momento pensamos que lo mejor sería hacer todo de manera voluntaria y no forzar la situación, por lo que fuimos al domicilio la trabajadora social de Servicios Sociales de la localidad y la trabajadora social de Fundación Mayores.

Encontramos a la señora en su domicilio, como en un principio no quería colaborar, pues se sentía muy nerviosa, y no sabía cómo actuar, incluso llegó a decir que se mareaba, pedimos a los profesionales sanitarios que colaborasen con nosotras, así como también al delegado tutelar de Fundación Mayores que también participó en el internamiento.

Finalmente entre todos le hicimos ver que era necesario que fuese a la residencia para hacerse unas pruebas y analíticas, y accedió a salir de la casa y montar en ambulancia sin necesidad de que interviniera la Guardia Civil.

Llevamos a la señora en la ambulancia, durante el trayecto se mostraba muy agitada y nerviosa, era un cambio muy importante en su vida, pues pasó de vivir en su casa con su hijo, a vivir en un sitio que desconocía junto a personas que tampoco había visto nunca.

A la llegada al centro residencial, enseñamos las estancias a la señora, su nueva habitación, el comedor, enfermería, etc. Intentamos que estuviera lo más cómoda posible y pudiera estar más tranquila a su llegada. Estaba preocupada por la ropa, pero se tranquilizó al saber que la residencia ya había preparado ropa para ella.

Los días posteriores, aunque aún no fuésemos sus tutores legales, nos pusimos en contacto con la residencia para hacer un seguimiento de integración en el centro, y descubrimos que su integración era buena, a veces decía que se quería ir a la residencia de su pueblo, pero en otros momentos disfrutaba con los compañeros de una charla, una película o un bingo.

Actualmente somos tutores legales de esta señora y la visitamos de manera regular, se ha solicitado el traslado a su antigua localidad de residencia para estar más cerca de sus familiares. Durante estos meses que Fundación Mayores lleva ejerciendo las funciones de tutor, hemos comprobado que su bienestar en todos los aspectos ha mejorado, no solo a nivel sanitario, pues ya se encuentra en observación por un equipo profesional, sino también a nivel social se percibe un gran desarrollo.

El internamiento involuntario es una intervención muy complicada y costosa, pero sabemos que merece la pena, pues, aunque se pase un mal día, tanto la persona del ingreso, como todos los profesionales que realizamos esa intervención, sabemos que es la mejor opción para su bienestar y que su adaptación al centro será rápida y positiva y su atención y cuidados serán los adecuados.

Debemos agradecer a todos los profesionales que colaboran con nosotros en los internamientos, su apoyo y buen hacer, pues sin ellos no sería posible este tipo de intervención. Vuelvo a repetir que la coordinación entre profesionales siempre es necesaria para conseguir nuestro fin último, y digo nuestro como parte de la sociedad, no solo parte de Fundación Mayores, que es el de alcanzar el BIENESTAR de personas vulnerables.