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Mi nombre es Isabel, actualmente ejerzo como Trabajadora Social en Fundación Mayores en la zona de Toledo, pero he trabajado en las zonas de Albacete y Guadalajara.

La satisfacción de acceder a las zonas más vulnerables

Una de las cosas que más me ha llamado la atención tras haber recorrido varias provincias son los pocos recursos que existen en las zonas rurales y las edades tan avanzadas de los casos nuevos que llegan.

Llegar a rincones de nuestra comunidad de difícil acceso, tanto por las bajas temperaturas de un invierno interminable, como por las carreteras estrechas con grandes desniveles de la sierra, donde la población “por lo general” tiene otras costumbres y otra forma de vida, no es fácil. En las que los recursos son muy escasos, incluso inexistentes.

Por poner un ejemplo, os cuento la situación de un nuevo caso que nos ha llegado: nos desplazamos a una localidad situada a unos doscientos kilómetros de nuestra oficina, donde reside un señor en su domicilio de edad avanzada, sin familia directa y que la última vez que recibió una visita fue hace cuatro años de un primo lejano; vive en una vivienda con unas condiciones de habitabilidad infrahumanas, es decir, síndrome de Diógenes, sin agua, sin luz y sin una tienda donde poder ir a comprar comida; no tiene control de medicación y no acude a una revisión médica desde hace unos quince años, se percibe que padece una patología aunque no se encuentra diagnosticado; los recursos son prácticamente nulos, el médico de atención primaria solo pasa consulta una vez cada dos semanas, no hay Servicio de Ayuda a Domicilio, ni Teleasistencia, ni centro de día,…

Tras varias visitas, somos conscientes, de que quiere continuar viviendo en su domicilio, pero contamos con escasos recursos, no hay nada que lo haga más feliz que poder continuar en su vivienda. Tras contactar con la Consejería de Bienestar Social, le adjudican una plaza de Urgencia Social en Centro Residencial, a unos cien kilómetros de su pueblo. Nos encontramos con el dilema ético de trasladar a la persona al Centro Residencial o por el contrario, intentar gestionar los escasos recursos con los que contamos y poder ofrecer la mayor calidad de vida al anciano.

El equipo de Fundación Mayores estamos seguros de que, a pesar de los escasos recursos con los que contamos, con esfuerzo y siempre mirando por el bienestar del mayor podemos mantener a la persona en su domicilio, al menos, un tiempo. Aunque somos conscientes que si empeora su estado de salud tendría que institucionalizarse. Intentamos mantener a las personas en su entorno el mayor tiempo posible, aunque a veces son trasladados a Residencias de Mayores u otros organismos por la imposibilidad de continuar viviendo allí. Para el equipo de FM sería más fácil trasladar al tutelado a la ciudad y mantener un contacto diario con los profesionales que lo atienden en una institución, pero queremos que el anciano sea feliz.

Desde Fundación Mayores se intenta mantener en la medida de lo posible al tutelado o curatelado en su vivienda, con los hábitos de vida que ha llevado toda la vida y que no pretendemos cambiar, sino mejorar y educar.

Bien es cierto, que la mayoría de nuestro tutelados cuentan con recursos económicos muy escasos, pero desde el principio elaboramos un plan de intervención adecuado a las demandas de la persona y poder satisfacer sus necesidades básicas y en su nombre poder tomar las decisiones, que, reunidos todo el equipo de FM, mejor se valoren.  Siempre intentamos llegar a los objetivos que nos proponemos, siendo conscientes en todo momento de los recursos económicos y sociales con los que contamos, además de poner todo nuestro empeño en proteger a las personas mayores incapacitadas.

En ningún libro nos enseñan cómo actuar ante estas situaciones, que, por desgracia, cada día se están dando más.

Debemos reflexionar y plantear, si en algo estamos fallando para que en el día a día siga habiendo tantas personas desprotegidas con edades tan avanzadas en las zonas más vulnerables.